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Tan diferentes como los artistas y cineastas son sus motivaciones para empezar un proyecto de cortometraje. Hay un tema, se tiene una idea, se hace realidad invirtiendo muchos esfuerzos, se pule, se recorta, se mejora, hasta que el cortometraje se termina a veces después de mucho tiempo.Y puede que uno esté satisfecho con su trabajo, en el mejor de los casos realmente orgulloso de él. Hasta aquí, todo va bien.

Si luego seleccionan el corto en uno de los muchos festivales, de pronto hay un público. Es una oportunidad increíble, sobre todo en un festival independiente como éste: ¡habrá más gente que vea tu cinta! Y el público naturalmente tiene expectativas: en primera instancia, quizá quiera pasar una tarde agradable y que lo entretengan, más allá de eso quizá llevarse a casa nuevas impresiones, algo que analizar.

Pero seamos francos. Estoy cansada de pasatiempos estéticos y de historias bonitas que sirven para entretener. Quien sólo pretenda pasar el rato, ¡que haga zapeo en la tele!
 En un festival quiero ver cortometrajes que me toquen la fibra.